martes, 15 de abril de 2008

Rebobine, Por Favor



Muy buenas, queridos amiguitos y amiguitas. Hoy les voy a hablar y recomendar la película que estuve viendo el pasado domingo (sí, ya sé que voy con retraso...) y que me hizo pasármelo como un enano. Se trata ni más ni menos que de la recién estrenada en España“ Rebobine, Por Favor” (o “Be Kind, Rewind” en el idioma de la Pérfida Albión), del genial Michel Gondry. Gondry nos presenta una pequeña película de esas que no hacen ruido, sin grandes efectos, pero hecha con mucha maña y cuya intención no es hacernos reflexionar ni mostrarnos sus típicas paranoias extrañas (Olvídate de Mí), sino hacernos pasar un buen rato a base de nostalgia, humor y buenas ideas. En esta cinta, Gondry nos retrotrae al espíritu del cine de los ochenta pero situando la acción de la cinta en la actualidad, y nos muestra una historia un tanto vista que parte de una premisa digamos... surrealista: el anciano dueño de un cochambroso videoclub de barrio (Danny Glover) lucha por mantener el destartalado edificio donde éste se encuentra en pie, enfrentándose a la despiadada industria inmobiliaria. Mientras tanto, su empleado, Mos Def y el amigo de este, el actor Jack Black, se dedican a hacer barrabasadas varias, hasta que un día y debido a un extraño accidente, el gordito Black cobra una especie de poderes y, sin querer, borra todas las cintas del videoclub, evento este que se convierte en el detonante del nudo de la trama: la re-grabación de las películas originales con nuestro protagonistas convirtiéndose en una suerte de doppelgängers de los actores que las interpretaron en su momento con, como dicen en Los Simpsons, desternillantes consecuencias.

Juntos compondrán las más extrañas, aberrantes y divertidas versiones de grandes éxitos del cine ochentero (Robocop, Cazafantasmas, 2001) usando materiales de todo tipo en esta moderna oda a la imaginación y al reciclaje (ese Robocop y su pistola-secador), mientras se nos muestra como trasfondo una historia de temática similar a la de ese tipo de películas de los ochenta en las que aparecían, un poco por encima, temas de compromiso social que servían como excusa al tema principal de la cinta (como en Nuestros Maravillosos Aliados): los barrios marginales que luchan por subsistir, el hermanamiento vecinal, el “no nos moverán”... y en el que además Gondry reivindica lo analógico (VHS, cintas de casette, vinilos, etc.) frente a lo digital (DVD), los personajes tontos pero encantadores y, sobre todo, la magia de poder hacer una película sin costosísimos efectos digitales y, aún así, ver cosas que te dejan con la boca abierta y que te hacen sentir como un niño.

Los personajes de la película, a pesar de tener grandes problemas, tanto personales como los del entorno que les rodea, no viven desasosegados, más bien todo lo contrario, están como infantilizados, libres por completo de la angustia vital del cine actual. Danny Glover compone un “moderno” Chanquete, cuyo barco es, en este caso, un videoclub. Es un tierno anciano abducido por la magia del cine, como lo es el propio director de la película, Michael Gondry. Sus niños son el histriónico Jack Black (¿Piraña?, tal vez) que está genial en su papel de chiflado, y el sosegado rapero reconvertido a actor Mos Def (¿¿?? No se me ocurre con quién compararlo...), a los que se unirá una chica (Desi, Desi), una especie de interés amoroso sin explotar (anda, como Desi), además de otros actores secundarios, hasta conformar una moderna pandilla de “Verano Azul”.

Ay, que me voy del tema... bueno, dejando de lado esta paja mental que se me acaba de ocurrir y volviendo a lo que nos interesa, les recomiendo encarecidamente su visionado porque, por lo menos yo, me lo pase como un enano con las desopilantes ocurrencias y las geniales ideas de este tipo (ese piano que tiene dedos en vez de teclas).

Y todos estos detalles que les he reseñado pobremente crean, en conjunto, una fantástica y fantasiosa comedia absurda de un ritmo narrativo encantador, lleno de guiños cinéfilos que sacan de lo más profundo de tu subconsciente a ese niño que se sentaba a pasar las horas muertas viendo La Bola de Cristal mientras se atiborraba de galletas. Y como comentábamos nosotros salir del cine, después de verla te apetece regrabar tus propias versiones de la películas que más te gustan, como hacen los protagonistas de la peli. Cosa esta que, por cierto, no me pasaba desde que siendo niño veía Los Goonies, Starfighter, Indiana Jones o Exploradores (toma ya nostalgia ochentera). Aaaah, que día más tonto tengo... venga, todo el mundo a recuperar sus VHS, cassettes y vinilos y a correr a un videoclub de los de antes (no valen los Cinebank) a alquilar El Caballero del Dragón.

Resumiendo, les recomiendo encarecidamente su visionado y, si puede ser, acompañados de dos bellas féminas, como hicimos mi buen amigo Lenguanegra y yo. Dejen sus comentarios por aquí si lo desean y si no, pues nada.

Hasta pronto y oscuros saludos.