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martes, 21 de abril de 2009

Dale que Dalek

El día 30 de este mes se edita, por primera vez en castellano, una temporada de la mítica serie británica Doctor Who, todo un regalo para los amantes de la ciencia ficción.
Como aperitivo, podéis encontrar en vuestro almacén más cercano "Los Daleks invaden la Tierra" con nuestro llorado Peter Chusing.

¡Llega la Dalekmanía!





viernes, 27 de marzo de 2009

“Watchmen” y “El Curioso Caso de Benjamín Button”: Simetrías, opuestos y réplicas.

La vida es extraña. La mía en particular está marcada por increíbles coincidencias e infortunios de todo tipo. En demasiadas ocasiones he sido testigo de lo increíble, de lo matemáticamente improbable hasta el punto de llegar a dudar acerca de la existencia de poderes que se hallan más allá de lo tangible. Poderes a los que a buen seguro no caigo muy bien. Yo: un ateo irreductible, un descreído materialista, dudo de todo cuando presencio aquello que el Doctor Manhattan (Watchmen, 1987) llama “milagros termodinámicos”: “acontecimientos tan improbables que son efectivamente imposibles. (…) La cúspide de la improbabilidad”. Ambos dudamos. Ambos sufrimos crisis en nuestra fe empírica al presenciar esos milagros.

Esta es una historia sobre la improbabilidad. Creedla o no. No puedo ser más sincero.

Hace unos días pude ir, al fin, a ver “Watchmen” y “The Curious Case of Benjamín Button": Dos películas que deseaba ver en pantalla grande por distintos motivos.

La pantalla de cine es el espejo que atravesó Alicia. Es la puerta hacia el otro lado, hacia el mundo irreal, el mundo de ficción. En el cine, cruzo al universo que más me satisface: el irreal. La realidad no tiene ningún interés para mí. Ya he visto bastante para saber que no tengo nada que ver ni hacer en ella. Por eso vivo rodeado de ficción en todas sus formas. Sueños en definitiva.

El fin de semana anterior a las proyecciones, estando alejado del tumulto de la urbe, he tenido dos extraños sueños. No suelo recordar lo que he soñado al despertar pero al variar mis hábitos de descanso durante mis días libres terminé por recordar aquello que desaparece de un plumazo con el irritante sonido del despertador. Sueños que guardan senda relación con los dos films a tratar.

Todavía no puedo creer la fortuna (no completa, al no estar alguien con quien debía estar) que tuve cuando el multicine al que acudí tuvo a bien proyectar, para mi solo, ambas películas en una improbable sesión doble en dos salas parejas. Primero en una, y luego en su paralela, como si de un reflejo se tratara: la misma sala con la misma persona sentada en el mismo lugar.
Si de algo puede presumir la obra magna de Alan Moore (no acreditado en el film del mismo título) es de su elaboradísima estructura simétrica. Como si de una mariposa de tratara, los capítulos del cómic de “Watchmen” pueden plegarse uno sobre otro en perfecta compensación simétrica. Exactamente como mi experiencia en aquel momento.


“Watchmen” y “Button” son la historia de un reloj. En la primera, es un reloj que avanza inexorable hacia la media noche que marca el holocausto final. Una “countdown to meltdown” que tiene su reflejo opuesto en el reloj que abre el film de Fincher.

“Button” comienza con la historia de un relojero ciego, que tras perder a su hijo en la guerra, cambia el sentido de las manillas del enorme reloj que ha construido para una estación de tren. Que el tiempo marche hacia atrás para que todos podamos recuperar a nuestros hijos, esposos o padres caídos en la batalla. De este modo, “Button” se convierte en la historia de un hombre cuyo reloj biológico va al revés, rejuveneciendo en lugar de envejeciendo tras nacer con la salud de un hombre de ochenta años.
Las pantallas de ambas salas reflejan sendos relojes, cada uno girando hacia lados opuestos. Cada uno, marcando el camino hacia dos destinos ¿inevitables?.
Mientras que el relojero del film de Fincher es un hombre maduro, que abandona su trabajo tras la creación de su última y más simbólica obra, el joven Jon Osterman (el Dr Manhattan de “Watchmen”), trata de seguir los pasos de su padre reparando relojes hasta que este le prohíbe seguir el oficio, a tenor de cómo se percibía el futuro en 1945. “Lo que el mundo necesita es la ciencia atómica… y no relojes de bolsillo (…) Si el tiempo no es real ¿qué será de los relojes? Mi profesión es algo del pasado. Mi hijo debe tener un futuro”.
En mi caso, la relojería fue algo impuesto por mi progenitor. Él fue quien me enseñó a reparar relojes y quien me comprometió a aceptar un trabajo del que me costó años escapar. De hecho, todavía hoy temo verme en la necesidad de recurrir a la relojería como medio de sustento. Hay que vivir lo que yo he vivido para entender hasta que punto temo un futuro relacionado con manecillas y rotores. Como imaginarán, servidor nunca lleva un reloj encima.

Manhattan prosigue en su monólogo interior: “¿Quién crea el mundo? ¿Es el universo un reloj sin relojero?”. O lo que es lo mismo: ¿Somos dueños de nuestro destino?
En ambas historias encontramos paradojas sobre el destino, efectos mariposa de inesperados y trágicos finales. ¿Somos víctimas del azar? ¿Hay un destino inamovible para cada uno?
Button lo tiene claro: nunca asumas ningún pronóstico, nunca sabes lo que Dios te tiene preparado. Para él si hay un destino, pero no está en su mano ni en la de nadie así que uno debe vivir siempre guiado por su corazón, sin pensar en predicciones ni supuestos.
Para el Doctor Manhattan la cuestión es mucho más compleja. Para los que no conozcan su historia, les diré que es un “hombre” prácticamente omnipotente, un dios para muchos, capaz de vivir en todos los momentos de la línea de tiempo a la vez. Para él, términos como pasado y futuro son lo mismo. Como el pasado, el futuro ya ha ocurrido. El problema surge cuando algo impide ver al “superhombre” el futuro más cercano. Algo o alguien no quiere que Manhattan sepa lo que va a sucederle pronto a la humanidad.
En mi caso podría acuñar el lema punk del “no future”. Si existe un destino desde luego no apunta hacia nada bueno. Si tengo futuro, prefiero no saberlo. Mirad sino a uno de los mejores personajes de “Watchmen”, El Comediante. Un hombre que cree saberlo todo sobre la sinrazón humana hasta que una visión del futuro próximo termina por destruir su espíritu. Al menos, tanto él como yo ya sabemos que TODO es una broma, una enorme broma. ¿Una broma sin gracia? Nosotros reiremos en cualquier caso.

¿Y los sueños? ¿Pueden nuestros sueños ser una ventana al futuro? Es más que posible. No porque adelanten acontecimientos, sino porque ellos saben lo que queremos hacer antes de que nosotros mismos lo sepamos. Soñamos con lo que más tememos y también con lo que más deseamos.
En “Watchmen”, Búho Nocturno tiene un sueño premonitorio donde se despoja de su “máscara de carne” para amar sin tapujos a Espectro de Seda, ambos envueltos en sus trajes de cuero y látex, sus auténticas pieles. El éxtasis del beso llega al caer una bomba nuclear, desatando el temido holocausto final.
En mi primer sueño, una chica me hacía una pregunta y yo le mentía. Me mentía a mi mismo en realidad. ¿Me preguntará alguna vez esa chica si la quiero o no? Realmente lo dudo. Como la mayoría de las mujeres que han pasado por mi vida, nunca sabrá si la amé. En este caso concreto, la pregunta me la estoy haciendo a mi mismo: ¿me estoy enamorando de esa persona? Qué más da. Eso es algo que no cambiará el futuro.


En mi segundo sueño, cogía en brazos a un recién nacido. Un bebe que no era otro sino uno de mis maestros. Viejo y joven al mismo tiempo.

No voy a especular ahora sobre el sueño citando a Freud o Jodorowsky (que curiosamente firmaba ayer ejemplares de su manual de psicomagia en Madrid). Tan sólo pienso en el paso del tiempo y de cómo nos afecta. Pienso en la relatividad del tiempo y de la edad. En este momento, servidor ya no es joven pero tampoco mayor. Ya no soy un adolescente pero tampoco un hombre.
Benjamín Button era alguien cuya apariencia exterior era todo lo contrario a su sentir interior. Por su parte, el Doctor Manhattan es un ¿hombre? que no envejece, aparentando 30 años eternamente, pero sin sentirse identificado con ninguna edad.
Servidor, como el resto de los mortales, salió de ese cine más viejo de como entró. Y en silencio, bajando por las largas escaleras de metal, me preguntaba si alguna vez daré las gracias por mi destino. Si volveré a ver a ese maestro, o sabré qué responder a la pregunta de esa chica.

-“Nada termina nunca”
“Watchmen”

“- Nada dura eternamente.
- Hay cosas que sí.”
“The Curious Case of Benjamín Button”

viernes, 6 de marzo de 2009

Sci-Fi Channel

Que guapos los carteles que se curran en Sci-Fi Channel.



lunes, 4 de agosto de 2008

La Mona Leia

Leo en el 20minutos:
La Mona Leia se vende por 770 euros
03.08.2008 - 18:02h

La Gioconda ha inspirado, a los largo de los últimos tiempos, numerosas creaciones artísticas. Su especial sonrisa, las muecas y los gestos del retrato más famoso de la historia han sido signos de admiración desde que el artista Leonardo da Vinci pintara el cuadro.La efigie de la Mona Lisa ha sido objeto de decenas de parodias, algunas de ellas obras de grandes artistas como Salvador Dalí, que pintó su autorretrato en el paisaje.
Marcel Duchamp concibió a una mujner con perilla mientras que Fernando Botero la dibujó como una mujer obesa.Uno de los casos más singulares fue la composición realizada por la revista The New Yorker en el que simulaba el rostro de la conocida becaria del ex presidente Bill Clinton, Monica Lewinsky. En esta
ocasión, el diseñador Jim Hance de Strange Drawn ha parodiado, en su peculiar
estilo, el cuadro inspirándose en La Guerra de las galaxias, y que lleva por
título Mona Leia, en honor al personaje de la saga cinematográfica. Esta obra se
vende por 1225 dólares (770 euros), según cuenta el propio autor en su blog.
Hance ha realizado numerosas composiciones alusivas al mundo del cine y de
grandes personajes de la cultura pop-art.

Aunque la Leia se vista de Mona, Leia se queda

¿Pero quién coño paga 700 euros por esta mierda? De verdad, no deja de deprimirme esta plaga de frikismo que azota el mundo occidental. Vale ya de tanto (m)emo y de tanto friki, joder!

martes, 17 de junio de 2008

La Niebla (The Mist) Crítica

Saludos desde "El Bunker". Rompamos la monotonía haciendo una entrada nada más y nada menos que de la película que Manormal y yo tuvimos la oportunidad de ver este sábado día 14 de junio. La Niebla, novela escrita por el maestro del terror Stephen King y guionizada y dirigida por Frank Darabont, responsable de películas tan importantes como "La milla verde" o "Cadena Perpetua". Hacía 7 años que Darabont no se sentaba en la silla de director para orquestar una producción cinematográfica, y en parte agradecemos que se haya vuelto a atrever. Esta vez sin embargo no puedo decir que haya logrado asombrar al espectador como lo hizo en títulos anteriores. En parte por darle excesiva importancia, durante el metraje, a temas más manidos, dejando a un lado lo más interesante y en parte porque la historia, como tal, no es demasiado innovadora. Es cierto que entretiene y consigue mantener mucha tensión, pero toda esa agradable sensación se termina evaporando. Creo que lo mejor será explicar porqué este largometraje, aunque apuntando maneras, se queda en espejismo.
(MEGASPOILER ON)
La película empieza con un preámbulo, que gracias a la providencia, dura poco, y en no más de 15 minutos tenemos a un puñado de ciudadanos, aterrados por una extraña niebla que se extiende por todas partes, resguardados en un supermercado de la zona. La cosa empieza bien, alguien sale de la niebla medio herido buscando cobijo y alegando que algo en la niebla les había atacado. La cosa promete, ese es el método, ir al grano. Pero pronto nos percatamos que la verdadera intención del film no es otra que los aterrados e inseguros ciudadanos que allí se congregan, y esto no sería un problema sino supusiera el mayor defecto del metraje. ¿y porqué es el mayor defecto? se preguntarán, y les contesto humildemente, que es un defecto siempre y cuando no ofrezca nada nuevo, y así es. Nervios, enfrentamientos, alianzas, pero todo es predecible a más no poder. Tambien es cierto que hay momento en los que esas interacciones humanas, son la tensión del film, pero con más frecuencia, son lo que lo hace monótono. La evangelista adoradora de Dios y sus profetas (Marcia Gay Harden), es una garrapata agarrada a los huevos del espectador, hasta que cerca del final "Ollie Weeks" (el mejor personaje de la película, interpretado por Toby Jones), decide que es más seguro tirotearla en el estómago y en la cabeza por su seguridad(muy bien hecho Ollie!!), pero habría sido mucho mejor hacerlo en el minuto 20. Se podría decir que ese personaje, la señora Carmody(Aj!), tiene mucha importancia en la película, sin duda demasiada, ya que es sumamente molesto, es redundante y hace al film desfallecer. Sin lugar a dudas el punto fuerte del film llega a medida que descubrimos cosas sobre la niebla, terroríficas criaturas van aparciendo, unos tentáculos asesinos, unos insectos jurásicos, unos extraños seres alados, unas letales arañas gigantes... y en aumento. La trama, cuando se encuentra bastante avanzada nos recompensa con un punto argumental que congratularía a cualquier amante de lo fantástico,... el origen de la niebla,... el ejército, con ayuda de unos científicos, han abierto un portal a otra dimensión, pero este se ha descontrolado y los seres de ese mundo se han extendido por la Tierra (genial!). Mi compañero y yo, recordamos ese gran film titulado "The Adventures of Buckaroo Banzai across the 8th dimension", en el que el protagonista, Buckaroo Banzai, contactaba con una extraña dimensión, poblada por extraterrestres. El caso es, que siendo el momento en que mejor pintaba la cosa, la historia se desaprovecha al llegar al final, en el que los protagonistas supervivientes, consiguen salir del supermercado repleto de adoradores evangelistas y consiguen acceder a la camioneta de David (Thomas Jane, el hermano desconocido de Christopher Lambert), con numerosas bajas, que las arañas y un gigantesco crustaceo, se cobran sin piedad (pobre Ollie!). Una vez en el coche, los 5 personajes restantes, decididos a buscar una respuesta palpable sobre "La Niebla", se aventuran por las carreteras y se percatan que la susodicha, lo cubre todo(el ser de 6 patas de tamaño incalculable, es de lo mejor). Vacíos de esperanza, y con un revolver con 4 balas, el protagonista "sucida" a su joven hijo, y los otros 3 ocupantes (entre ellos la nominada a "jamelgaza" de la peli), para no tener que sufrir una brutal muerte a manos de las bestias interdimensionales. Poco después mientras David grita de desesperación, aparece el ejército con máscaras de gas y numerosos tanques y efectivos(mostrando una vista ya sin niebla), para mayor desesperación del protagonista que se echa al suelo en una vorágine de frustración inimaginable (ya te podías haber esperado un ratico, majo).
Pues bien amigos, a mi me parece un final de mierda, no hay más. Si hubieran sabido terminar la historia de otro modo, quizá estaríamos hablando de un gran título, salvando los, en ocasiones monótonos diálogos, entre las gentes del comercio. Esto nos demuestra, una vez más, que acabar una película con criterio, nos puede granjear éxito permanente. No hacerlo en cambio, puede suponer una lacra.

Desde esta apartada orilla... os invitamos a todos a que intentéis pensar cómo debería haber acabado este largometraje, para haberse salvado del aprovado raspado y haber pujado por el notable. ¿Quizá el portal dimensional en primicia? ¿o incluso una incursión en el mismo? adelante!, lancense a pensar, incluso pueden enviarlo a la dirección de alguno de nuestros contactos para hacer un "post" dedicado al tema.
(MEGASPOILER OFF)
Saludos desde "El Bunker", esperamos seguir viéndoles por estos lares.