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miércoles, 30 de diciembre de 2009

Madrid Truculento

El pasado sábado 5 de diciembre nuestro patrocinador (porque el Bunker tiene patrocinador ¿o qué se creían?), nos organizó un evento al que asistimos el señor Proctor, Doctor en Parapsicología, Bioquímica Molecular y Malevolencia, y un servidor como representantes del Bunker. Esa noche el frío se adueñó de la capital hasta un nivel en que ni siquiera los trajes termoprotectores del Doctor lograban cumplir su cometido, a lo que tenemos que sumar que el maldito sistema de pompas de jabón seguía sin expulsar nada. Mr. Mauro, también conocido como el hombre que nunca lleva el reloj en hora, volvió a llegar tarde (Inciso de Proctor: Decir que llegó tarde es ser muy benévolo...) y eso, en pleno centro de la capital, con una horda de transeúntes ávidos de puestos ambulantes y productos navideños, es un craso error. Una vez reunido este intrépido grupo de dos, intentamos alcanzar nuestra meta que era la Plaza Mayor, pero el borreguismo navideño, que había conseguido inundar la zona de compradores compulsivos, nos causó un colapso agónico gracias al cual solo conseguimos avanzar un paso cada siete minutos. Eso nos hacía plenamente conscientes de que íbamos a llegar (más) tarde a nuestro destino, lo que sumado al hecho del genio que se gasta nuestro patrocinador, hacía que la situación se pusiera más tensa por momentos... fíjense que hasta mis zapatillas comenzaron a desanudarse de puro agobio, ya me lo dijo Lengua Negra el día de mi cumpleaños mientras sostenía una botella de absenta francesa: “¡El velcro es el futuro, Picotto!

Tras muchos empujones, codazos, insultos, pisotones y atropellos con carritos de niño, conseguimos llegar al punto de encuentro desde el que salía nuestro evento, que no les he comentado que era una visita guiada por el llamado “Madrid Tenebroso”. Pues bien, resulta que en el susodicho punto de encuentro le enseñamos nuestras entradas a una amable señorita que nos dice: “Esperad ahí al resto del grupo” y nos proporciona unas pegatinas de color fucsia a modo de identificador (una vez más el velcro habría hecho estragos). Nosotros, como buenos muchachos que somos, esperamos obedientemente hasta que otra señorita aparece y nos dice que nuestro "grupo" ya se había marchado, pero que no nos preocupemos, que gracias a un “mapa” rudimentario, pintarrajeado y manoseado que nos dio, los encontraremos. Eso sí, habrá que darse prisa o perderíamos al grupo para siempre en las laberínticas calles del Madrid antiguo. Agobiados, nos pusimos de nuevo en ruta, abriéndonos paso como luchadores de Wrestling americano entre la ingente marabunta navideña que colapsaba la Plaza Mayor. De pronto, un grito alarmado de Proctor me hace girar sobre mis talones; “He perdido la pegatina”, me dice con horror, y mira mi pecho buscando la mía, que, misteriosamente, también había desparecido... pero gracias a mis binoculares con visión nocturna (regalo de empresa), ambas pegatinas volvieron a nuestras solapas, no sin antes tener que apartar las piernas de varios transeúntes zombificados que se disponían a pisarlas. Reanudamos la marcha, pero esta vez tomando ciertas precauciones para que el incidente no volviese a suceder: Proctor, conocido por su desconfianza hacia toda mecánica alejada de la electrónica, mantuvo su mano en el pecho sujetando la pegatina cual patriota al escuchar el himno de su país. Por mi parte la mantuve pegada a mi brazo, manteniéndome durante el resto de la aventura de brazos cruzados.

Tras un rato de callejeo digno de cualquier espía internacional, unas cuantas discusiones sobre que calle tomar que fueron zanjadas por el GPS portátil del Doctor y tras encomendarnos varias veces a los dioses del azar, dimos con el grupo. Bueno, en realidad vimos a una mujer que le susurraba a un micrófono contando lo que parecía una historia de venganzas en el Madrid de los Austrias mientras un grupo de personas hacía que la escuchaba y nos acercamos a ver que pasaba. (Inciso de Proctor: Al acercarnos, obligue al bueno de Mauro a preguntar a la gente allí congregada si aquello era lo que buscábamos. Lo curioso del caso es que era imposible atisbar la voz de la chica a la que pregunto mi compañero de aventuras, pero según él le dijo que sí...). Al rato otro grupo similar al que nuestro se cruzó con nosotros, y ahí fue cuando Proctor se percató de que estábamos en el grupo equivocado, Por ello, y sin que se notara, iniciamos la maniobra de acople con el nuevo grupo. Tras esto comenzamos una ruta en la que encontramos a un actor que decía ser un tal Don Juan de Escobedo, un moribundo que reconoció abiertamente su predilección por los mancebos, cortejando a uno de los viandantes. Después encontramos un mendigo que se olía un dedo que se introducía en el ano sistemáticamente, muchas mujeres encapuchadas y lo que debía ser un travesti disfrazado de La Princesa de Eboli, que sentía una predilección especial por el eco (Inciso de Proctor: El/la muy colgado/a no paraba de insistir en que repitiéramos su nombre, y encima casi me saca a hacer el moñas delante de todo el grupo, menos mal que cazó a la incauta que estaba a mi lado) Entre tanto, me atreví a visitar un local de alimentación chino, pese a la recomendación que un día me dio Lengua Negra de no visitar nunca un lugar tan poco glamuroso. Allí me encontré con un indigente que esperaba para ser atendido pero el tiempo pasaba, Proctor me apremiaba, nuestro grupo se alejaba y nadie aparecía para atenderme. De nuevo y muy alterado, Proctor me incitaba a continuar con la marcha y yo decidí tomar “prestados” unos donuts de chocolate a cambio de un pagaré (Inciso de Proctor: “Prestados”. Seguro que luego los chinos culparon al pobre indigente...), que nuestro patrocinador se encargará de abonar en un futuro (o eso o que Dios se lo pague al tendero chino...)

El caso es que esta alocada ruta prosiguió entre el frío, más extraños personajes travestidos, donuts de chocolate gratuitos (Inciso de Mauro: eso, gratis, que tú ni moviste un dedo para alimentarnos y bien que te lo zampaste, pertinaz...) e historias tétricas para culminar en una escalinata frente a la Catedral de la Almudena en la que nos hicieron sentarnos a ver el ajusticiamiento público de Luis Candelas al que asistieron su novia despechada, el verdugo, un comentarista y la madre del reo. Tan extraño espectáculo terminó entre aplausos del público allí congregado (Inciso de Proctor: para calentarnos las manos, no se crean), dejándonos con la sensación de haber contemplado un espectáculo único. Por lo menos intentaremos repetirlo cuando haga menos frío. Y cuando patrocinador vuelva a invitarnos, claro.

Este post ha sido co-escrito con la inestimable ayuda, apuntes y tocahueveces del Doctor Proctor.

miércoles, 29 de julio de 2009

Aquí no se andan con medias tintas

A cholón

miércoles, 1 de julio de 2009

Momentos Vergonzantes Special Edition

Esto:

Distintos ángulos de un mismo horror

No hay más que hablar. Bueno sí, ¡¡Qué fea es, cohones!!, ¡¡¡¡¡Y qué mal queda!!!!!

ACTUALIZACIÓN:

Oído hoy mismo en TVE:

"El nuevo jugador del Real Madrid, va dejando un rastro allá donde va. Es la kakamanía". Esto lo ha escrito, como poco, un amigo de Chocolat Soul.

martes, 26 de mayo de 2009

Retazos de Madrid

Calor agobiante. Tráfico denso. Ruido ensordecedor. Mezcla de olores y colores. Conversaciones en 20 idiomas por metro cuadrado…

Un hombre mayor camina fatigosamente cerca de la Plaza de Callao. Encorvado y con los ojos prácticamente ciegos, su mirada parece indicar que está más cerca de los muertos que de los vivos. Cansado, se para y observa con desgana el flujo humano que se expande por las céntricas arterias de Madrid. De pronto, unos gráciles andares femeninos parecen llamar la atención de los hombres que por allí pasean. Una belleza morena se contonea con un rictus serio en la cara, quizá harta de atraer tantas miradas inapropiadas. Y al llegar a la altura de nuestro anciano protagonista, el hombre, cuya mirada parece atravesar la carne y exponer las vergüenzas del alma humana a un concienzudo examen, exclama mientras observa a la bella joven: “Ay, pero que bien viene el verano” y continúa su trayecto sin volver la mirada atrás. Efectivamente, hay cosas que harían resucitar a un muerto…


¡¡Chaaaaaaaaaaaaaaati!!

Más movimiento, más ruido, más calor, una calle más estrecha...

La marea de gente es ahora incontenible, pero de pronto, un hombre de unos 70 años consigue hacer de improvisado dique en la corriente de seres que transitan la calle, como una piedra en el curso de un caudaloso río. Según me acerco veo que está agachado recogiendo algo del suelo y como yo, la mayoría de la gente que pasa por allí está a punto de tropezar con él. Me pregunto cual será el tesoro que tan interesado está en recoger, e imagino dinero, joyas y Bonos del Estado, pero no, me equivoco. O eso creo yo. Lo que está recogiendo este buen señor es un billete de Metro. Y por lo que parece, usado ya. Aunque claro, esto es un tesoro para un jubilado…


Miiiiiiiiiii tesssssooooro

Gritos de un vendedor de lotería, ruidos de obra, polvo, suciedad, gente y más gente…

Continúo mi periplo que me lleva hasta una estación de Metro, esa madriguera de lombrices mecánicas que nos transportan en sus estómagos hidráulicos por los entresijos de la ciudad. Justo antes de llegar a mi destino para alejarme del bullicio del centro de Madrid, veo una imagen que permanecerá grabada durante mucho tiempo en mi memoria: un hombre llega cojeando trabajosamente hasta una valla que separa la carretera de la acera y con un salto más ágil de lo que debería para alguien de su edad y condición física, salva un obstáculo que el resto de mortales se conforman con rodear y continúa cojeando, como si nada, hasta su destino, sea cual sea. Y yo me pregunto ¿Daredevil no era ciego?


Cojo de día, superhéroe de noche

En ese momento, anonadado por los sucesos que acabo de contemplar, me giro para poner orden en mis pensamientos y observo una pared cualquiera abandonada a su suerte y cubierta por una maraña de carteles, que parecen simular unos coloridos vendajes diseñados por un Walt Disney desquiciado, quizá tratando tapar una herida surrealista. Y veo entre ellos un cartel de letras blancas sobre fondo negro en el que se puede leer "¿Dónde está Bebe?" ¿Qué dónde está Bebe? ¡¡¿¿QUÉ DÓNDE ESTÁ BEBE??!! Ni lo sé ni me importa, si ahora mismo ni siquiera sé donde estoy yo. ¡¡Tengo que salir de aquí!!

Diez minutos cualquiera en Madrid

Bunkeros saludos.

martes, 17 de marzo de 2009

Elije tu propia aventura


- Si crees que el que se dejó esto aquí es un criminal fugado, pasa a la página 45.

- Si por el contrario piensas que este objeto forma parte de algún ritual sadomasoquista, pasa a la página 79.

- Si crees que son de un superhombre (o supervillano) que se ha escapado de sus captores, pasa a la página 62.

- Si opinas que son de la última incauta que nos traíamos para una fiesta loca en el Bunker, pasa a la página 57.

- Por último, si crees que nos lo hemos inventado, ni siquiera te mereces entrar al Bunker.

Fotografía tomada en algún lugar indeterminado de la zona de Tribunal.

lunes, 9 de marzo de 2009

Little bacon on the sky (Tocinillos en el cielo)

Héroes porcinos ha habido muchos, y desde el gran Spider-Ham...

...hasta el reciente y más popular Spider-Cerdo...


...varios han sido los personajes que se han disputado el título al héroe más atocinado. Pero ahora tiemblen criminales de Madrid, tiemblen rateros, gente del Bloque y políticos corruptos, porque hay un nuevo y ajamonado héroe en la ciudad.

Se mueve entre las sombras con la gracilidad de un hipopótamo en su charca, aparece y desaparece con la sutilidad de una subida de azúcar en plena comilona navideña y pelea con la fuerza de mil elefantes desbocados. Su nombre es…

¡¡Spider-Fa(r)ttm!!


¿Es un pájaro? ¿Es un lacón?


Disimula , que te hemos pillado in fraganti


Observen con que facilidad pasa desapercibido ante el bullicio madrileño


Numerosos testigos aseguran haberlo visto por el centro de la ciudad, así que escondan sus bocadillos, es el precio que hay que pagar por que nuestras calles estén realmente seguras.

jueves, 19 de febrero de 2009

Pasado, presente y futuro

Chicas guapas y música en vivo. ¡No podría pedir más!

Pasado: Tetallica en la Pequeña Bety (5-Feb-09)

Presente: Silvia Superstar en La Boite (18-Feb-09)

Futuro: Messer Chups en Gruta 77 (31-Mar-09)

viernes, 24 de octubre de 2008

Esculturas Humanas

¿Pero qué coño es esto?
Llevo ya unos años viendo a esta gente por la calle y cada día lo veo más absurdo. El otro día sin ir más lejos vi a un africano HACIENDO SURF frente al Corte Inglés de Sol. El tipo estaba en bañador, sobre una tabla de surf, con toda la fresca que hacía, posando como un cretino delante de un publico tan atónito como imbécil. Porque si el surfero del asfalto ya era la mamarrachada total, los que le sacaban fotos no merecen más respeto.
Y aunque en aquel momento me distraje viendo a Soraya Poyeya” firmando discos dentro (¡madre mía, como me pone esta tía!) lo cierto es que al volver a salir volví a flipar con tamaño numerito. Y ya ni les cuento cuando veo a los "personajes Disney" que pasean cual zombies por el centro, o al pobre alma en pena que lleva puesta una enorme cabeza de Yoda en la Plaza Mayor.

Me da ganas de llorar. Y NO es broma.

El ayuntamiento de Madrid (y por ende todos los demás) sabe perfectamente que al populacho no le gusta ver la realidad tal cual es y por eso ahora le ha dado por maquillar a la mendicidad. Por eso, en el centro de Madrid está permitido pedir en la calle sin problema siempre que aparezcas vestido como un payaso, envuelto en barro o en papel albal, como si fueras el sándwich de la excursión a La Pedriza.
El caso es que cuando un programa de actualidad, de esos que se emiten en directo, no tiene gran cosa que contar (como casi siempre) suele tirar del clásico reportaje a pie de calle de “a ver a quien encuentro por ahí”. Y entonces es cuando aparece el mini reportaje sobre artistas callejeros. Porque sí, a esta gente la tildan de artistas y los equiparan con la peña que pinta murales o los violinistas que tocan en la zona de Callao.
Y digo yo: Si cuando voy a la oficina de empleo me tiro hora y media sentado sin moverme y con cara de imbécil, ¿significa que también soy un artista?